Sola me encontraba, en
lugares donde hasta mi sombra me abandonaba, en mi corazón solo habitaba un
vacío, el cual nadie podía llenar, resultado de tantas caídas, heridas y
finalmente cicatrices que dejaron marcados esos recuerdos amargos, que entre
lágrimas y la tierna compañía de mi almohada, en el silencio de la noche, pasaban
los días, y así era como me desahogaba. Sin contar que eso no cambiaba nada, al
contrario me hacia sentir peor. Vivía una doble vida, donde el día, estaba lleno
de sonrisas falsas, ánimos fingidos y la mentira más grande de todas “estoy
bien”. Una adolescente común, llena de miedos e inseguridades acerca de si
misma, y que solo buscaba un refugio, donde acabar con eso, y así tener el
valor de seguir adelante, con la esperanza de algún día poder decir: soy feliz.
Al pasar del tiempo, conocí
a una persona que sin saberlo seria una bendición en mi vida, a medida que
trascurrían los días me di cuenta que con sus tiernas palabras, y su amor,
sacaban sentimientos, acciones y palabras que no acostumbraba a sentir, hacer o
decir, pues… Después de tanto, era una chica fría, insensible y odiosa con
todos y hasta conmigo misma, pero con ella todo era diferente, fue ahí donde entendí
que vino a ser luz en tanta oscuridad. Tiempo después, surgió una amistad,
donde nos fuimos conociendo y supe que era cristiana, entre salidas y
conversaciones, en cualquier lugar compartía la palabra de Dios conmigo, y a mi
me encantaba. Me había criado en un hogar cristiano con mi abuelita, pero mi
madre decidió instruirme en lo católico, bautizada, comunión y confirmación,
años en una iglesia católica pero, la verdad es que nunca me agrado estar allí.
Luego de todo esto, tuve la iniciativa de leer la biblia, cada vez que me
sentaba a leer, sentía un gran poder sobre mi, algo tan grande que hasta las
lágrimas recorrían mi rostro como señal de no saber expresar un sentimiento tan
extraordinario. Una noche, empecé a soñar que estaba en mi casa, reunida con
niños que supuestamente conocía, ellos hablaban de que Jesús venia pronto,
observe como uno de los niños se me acercaba asombrado, y me dijo: Acabo de ver
a Jesús, mi respuesta solo fue, “Wuao, a mi también me gustaría verlo”. Paso
ese momento, cuando de repente escuche que alguien llamaba a la puerta, salí a
ver quien era, y para mi sorpresa era él, Jesús. Corrí a abrazarlo y le dije "Te
amo". Camino conmigo unos cuantos pasos y luego me dijo que se tenia que ir, vi
como ascendió al cielo, fue algo maravilloso. Pasaron unos días, y una noche me
acosté con el pensamiento, de que quería volver a verle, sentí como que me
dijo, espérame. Esa noche, volví a soñar que lo abrazaba. Pero, posteriormente
tuve un tercer sueño, donde llegaba a mi casa y me di cuenta que la luz del
closet estaba encendida, vi su manto y de nuevo corrí hacia el, estaba allí. No
perdí la oportunidad y le pregunté: ¿Lo estoy haciendo bien? Y el me respondió
con un Si, lo estas haciendo bien. Enseguida me desperté, llorando, temblaba
mucho, eran emociones encontradas, después de eso no logre dormir más. Espere
como una semana, y estando en el auditorio del colegio, le pregunté a mi amiga:
¿Qué tengo que hacer para aceptar a Jesús? Ella me dijo: hazlo de corazón, mediante
una oración, por supuesto no pudo ocultar su felicidad al oír eso. Ese mismo
día al llegar del colegio, puse las cosas en orden y luego me encerré en mi
cuarto, de rodillas y con lágrimas en los ojos, oré y hable con Diosito, le
pedí que entrase en mi corazón y que a partir de ese momento quería hacer su
voluntad y cumplir el propósito que tenía para mí.
Desde ese día, entendí que
el único que puede llenar cualquier vacío que hay en tu vida, es JESÚS. Ahora puedo
gritar a los cuatro vientos; ¡SOY FELIZ! Porque Jesús vive en mi corazón y cada
día con su amor, su misericordia y su gracia me llenan de lo más hermoso que
pueda existir. Así que... ¿Qué esperas? Deja que Jesús sea el centro de tu
vida, ya el pago el precio por tus pecados, el quiere que vivas en verdad, con
propósito, y que seas feliz.
Yo soy la luz del mundo, el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8:12.

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