Hace unos meses, alguien me preguntó ¿cuál es el sentido de la vida? En ese momento, decidí ignorar tal interrogante, sin embargo me fui a casa con ese pensamiento...
Todos hemos sido diseñados con un próposito, y nuestro objetivo fundamental es escontrarlo y luchar con uñas y dientes por cumplirlo. Con el pasar del tiempo he conseguido entender que nosotros somos quienes le damos el sentido a nuestra existencia y a lo que nos rodea.
He elegido rescatar lo positivo, lo bonito, lo alegre y disfrutar, tanto como agradecer, desde el más mínimo detalle como lo es respirar, hasta el más gigantesco de todos.
He obtenido la satisfacción de reírme ante la confusión, la mentira y la hipocresía, a no invertir mi atención, tiempo y energía en lo que no lo merece. Dejar de tropezar con la misma piedra y buscar un nuevo rumbo, pasar la página y escribir un mejor capitulo.
Ciertamente, no es más sabio quien tiene mucho más conocimiento, sino quien emplea ese conocimiento para cambiar su vida. Encargate de que tus palabras sean de bendición y no de maldición, recuerda que de la abundancia del corazón habla la boca.
Cree en ti y vé por tus sueños, porque todo lo maravilloso, lo esbelto y delicioso está del otro lado del miedo. No me preocupo demasiado, porque he comprendido el Dios tan grande que tengo. He aprendido a agradecer que la vida me ha puesto en el lugar del que da, el que ayuda y no el que tiene que ser ayudado, a comprender que hay cosas que no se pueden cambiar, aceptarlo y vivir en paz con eso.
La enfermedad me ha alentado a apreciar la salud, la tristeza a estimar la felicidad, y la ausencia a valorar la presencia. Nunca más me olvidé de lo principal.. El amor, la libertad y el perdón. Ahora sólo pretendo gozarme la vida, seguir aquí firme, decidida, y más fuerte que nunca. ¡Gracias Dios! A ti te debo todo lo que soy y todo lo que tengo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario